Jugó en Vélez y San Lorenzo, pero terminó como empleado municipal
Fue un innovador en un puesto que hoy el mundo del fútbol codicia. Tenía un estilo y despliegues únicos. Luego de su retiro, cambió su vida.
Es una historia por demás curiosa en el planeta fútbol. Según Héctor “Bambino” Veira, quien fuera su entrenador en San Lorenzo, con Armando Quinteros “nació el lateral volante en el fútbol argentino”. Debutó en Primera a los 15 años, dejó huella en los clubes porteños e incluso llegó a la Selección de la mano de Menotti y su vida fue muy diferente luego del retiro profesional.
Su buen paso por Vélez en la década del '70 lo llevó incluso a vestir la camiseta de la Selección Argentina. En 1975 recibió el llamado para integrar las juveniles, en las que compartió plantel con figuras como Daniel Passarella y Jorge Valdano. Se dio el lujo de disputar un amistoso con la Albiceleste entonces dirigida por César Luis Menotti frente a Atlético, en un encuentro que se jugó el 7 de mayo de ese año.
Su vida después de colgar los botines lo alejó del fútbol. “Cuando terminé de jugar, me dediqué a trabajar por fuera del fútbol. Mirá que me buscaron de varios clubes, me llamaron con la idea de transmitir mi experiencia, pero dije que no, porque era demasiado bueno para para el ambiente del fútbol”, le confesó a Infobae.
En tal sentido, el ex “Ciclón” y el “Fortín” trabajó como empleado municipal hasta su jubilación: "El intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, hincha fanático de Vélez, me hizo entrar en la Municipalidad de La Matanza como administrativo. Estuve en la Dirección de Tránsito, y nunca dejé de laburar hasta que me jubilé. Me costó mucho porque no estaba preparado mentalmente".
La historia de Armando Quinteros
Fue símbolo del equipo que ganó el ascenso en 1982. Rendidor, de generoso despliegue, dinámico, bajaba dos kilos de peso por partido por su descomunal desgaste. Con él en la cancha se aseguraba la recuperación de la pelota y la lucha inclaudicable en el mediocampo. Así, exprimiendo al máximo sus condiciones, se perfiló como una rueda de auxilio del equipo, pero también oxigenaba la salida mediante un correcto trato del balón.
Nacido en la capital tucumana debutó a los 15 años en Atlético Tucumán, adonde fue a probarse de muy chiquito e hizo todas las Divisiones Inferiores en ese club, en los viejos torneos nacionales. Enseguida pasó a Vélez y allí empezó a pisar fuerte en el fútbol grande.
Luego de más de 200 partidos en el conjunto de Liniers llegó a Boedo en 1981, el año nefasto que terminó con la pérdida de la categoría. Por experiencia y liderazgo, se convirtió en una pieza fundamental en la formación campeona del certamen de Ascenso.
Ya de nuevo en Primera se ganó la confianza del Bambino Veira y siguió mostrando el nivel que lo caracterizaba, integrando un mediocampo muy equilibrado con Rubén Insua y el Chino Coudannes. En 1985/86 fue a préstamo a Talleres de Códoba y volvió cuando concluyó el campeonato, pero no fue tenido en cuenta por Nito Veiga. También jugó en Bolivia y en Colón de Santa Fe.